La vida en las montañas estivales

Me he trasladado a esta tierra de los
inmortales. Arbustos salvajes
florecen por doquier. En los jardines
de delante, los árboles extienden
sus ramas por los tendederos. Me siento
en una estera y dejo flotar copas
de vino en el manantial. Allende la reja
de la ventana, una senda oculta
conduce hasta el denso bosquecillo de
bambúes. Vestida con un sayo
de cendal, leo entre mis desordenadas
pilas de libros. Doy un calmoso
paseo en la barca pintada, mientras recito
poemas a la luna. Me abandono
con calma a la corriente, porque sé
que el viento apacible me
traerá poco a poco de regreso a casa.

Yü Hsüan-Chi

 

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