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Yü Hsüan-Chi nació hacia 845. Fue concubina de un funcionario, hasta que la esposa celosa la torturó y la expulsó de casa. Y en cierto modo tuvo suerte, porque hasta el siglo diecisiete, las mujeres poetas estaban muy mal vistas. Así, de entrada, parece malo, pero teniendo en cuenta que en la antigua China la poesía era una disciplina obligada para cualquier hombre instruido, es mucho peor. Los poemas de mujeres jamás se publicaban, se leían en la intimidad y se destruían para no causar mala reputación a la familia. La deducción era la siguiente: mujer poeta = mujer infiel = putón. Como siempre ha habido clases, había excepciones de mujeres eruditas (emperatrices, concubinas imperiales, damas de clase alta) a quienes -¡claro!- los hombres (cultos) preferían para charlar.

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Nos cuenta Ling Chung, coautora de El barco de orquídeas, las tareas a las que podían dedicarse las mujeres. Esposa: la mayor parte de las veces de un matrimonio concertado, con la obligación de soportar a las concubinas, sin libertad para salir, y si no tenían hijos varones, malo, malo. Concubina: prácticamente tratadas como criadas en las familias, excepto sin tenían hijos varones. Criadas: más de lo mismo (prefiero no imaginar el destino de una recién nacida hija de una criada). Monja budista: con cierta movilidad y libertad. Cortesana: al menos en algunas dinastías floreció una clase de cortesanas cultas, educadas para comentar los clásicos y los poetas, y además podían escribir poesía ¡porque no tenían reputación que mancillar! Eran invitadas a las fiestas oficiales procedentes de los burdeles más caros. Prostituta: bueno, pues eso, con la instrucción que da la vida y poco más. Casamentera: en fin, estaremos de acuerdo en que hay que valer para la intriga… Herborista: Pues parece un bonito oficio, pero no le vemos la incompatibilidad con ser esposa. Comadrona: Me concederéis que también hay que valer, y suponemos que escuela, lo que se dice escuela… Pues no. Y por último, sacerdotisa taoísta: ¡Bingo!

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Las sacerdotisas taoístas gozaron de gran independencia: no eran propiedad de nadie, tenían libertad para moverse y carecían de restricciones en cuanto a las prácticas sexuales. Sus servicios como educadoras y consultoras sexuales eran muy reconocidos. En el período T´ang (618 – 907), algunos de sus templos eran verdaderos centros de cultura y sociedad.
Y ahora, imagina a qué se dedicó nuestra poetisa. Podríamos decir que tuvo una vida corta pero intensa. Viajó mucho y tuvo a poetas famosos entre sus amantes. Desgraciadamente fue ejecutada en 868, acusada de asesinar a su criada. Y aunque sus amigos intentaron exculparla, poco pudieron hacer para que no pasase a formar parte de la leyenda.
Nosotros la imaginamos eternamente joven, en esa tierra inmortal de las montañas estivales.

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